Cómo un acróbata... Respirando profundamente para no perder ese equilibrio fundamental que me mantiene sobre la cuerda floja de la vida...
Abriendo ventanas a nuevas ilusiones, poniendo cerrojos y siete candados a las cosas absurdas que intentan espolvorear mis días...
Uno, se despierta un día cualquiera, entendiendo que ha llegado la hora de volver a cambiar algunos parámetros en su rutina.
Es necesario de vez en cuando... Es imprescindible.
Al fin y al cabo... Todo debe cambiar.
Todo cambia. Todo pasa. Todo vuelve y todo se vuelve a marchar...
Porque nada perdura si no es en el recuerdo, ahí está la magia...
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